jueves 9 de octubre de 2008




HISTORIA DE UN HEROE

Cada vez que me cuentan su historia, cada vez que le veo sus ojos brillosos al contarme su experiencia, me siento más orgullosa de llevar su misma sangre. Esta es la historia de mi abuelo Salvador De Biase “el nono” al que así llamamos sus nietas.
Esta historia comienza un 23 de agosto de 1939, en el sur de Italia. Ahí estaba él como todos los días, en el campo junto a sus hermanos y sus padres, sembrando, trabajando la tierra; pero ese no sería un día como cualquier otro, ese día cambiaría su vida para siempre, esa vida que lo tenía acostumbrado al hermoso ruido del silencio campestre, a las tardes soleadas de ese paisaje que imagino en mi mente. Ese día no iba a ser un día más, ese día estaba obligado a abandonar su tierra para defenderla, a su familia para protegerla, a su amor para prometerle que iba a volver e iban a ser muy felices por el resto de sus vidas.
Y ahí se aleja él, por la montaña, sabiendo que se iba pero que el destino era el encargado en decidir su vuelta a casa. Ahí se va, con su paso lento, con su traje verde, con sus botas atadas fuertemente, con su saco abotonado, con su gorro de alpino y su fuerza mental de ir a defender lo que más ama, su tierra, su familia, su amor María Antonieta Celano.
Tras días lejos de su casa, el momento llegó, un 1 de septiembre de 1939 que iba a quedar en la historia de aquellos, de estos y de los que vendrán.
Salvador tomó su arma, juntó coraje como los miles de soldados que allí iban a defender su país, su gente, su historia. Arrebatados de indicaciones, nada podía fallar, no podía cometerse el mínimo de los errores, gritos de fuerza, de empuje, de convicción de volver sin las manos vacías a casa.
Ahí estaba Salvador junto a su mejor amigo que, como él, había dejado atrás su gente; pero no estaban solos, se tenían el uno al otro, y prometieron no separarse, prometieron cuidarse, para mañana poder contarles a sus hijos, a sus nietos que ellos habían estado ahí, que habían salido a defender en el más grande y sangriento conflicto armado que pudo existir, pero solo uno de ellos lo iba a poder revivir en un futuro lejano.
Grupos de personas, muchas personas, corriendo por la tierra desquebrajada, seca, cayendo al suelo de rodillas, para al fin caer desvanecidos eternamente. Pero Salvador seguía ahí junto a él, su amigo, corrieron, corrieron mucho, se escondieron en ese lugar que ya estaba preparado para hospedarlos días y noches, noches y meses, meses y años.
Defendieron horas interminables, no existía la noche para dormir ni el día para respirar, era pensar que esto debía terminar en algún momento. Y bien dije, pasó mucho tiempo, cartas que no se sabía si llegaban a los seres que habían dejado convencidos de que algún día volverían.
Los meses siguieron, sus cuerpos erguidos de cansancio, dolor, angustia, tristeza se apoderaba de ellos, pero ya estaban ahí, no había vuelta atrás, solo esperar el final de la historia, que ellos mismos no podían escribir.
Mientras tanto en el sur de Italia, en esa casa del campo donde residía la familia De Biase no tenían noticias algunas de aquel soldado que se había ido aquella tarde de agosto. Solo las noticias radiales o telegramas a los familiares de los soldados era lo único que les hacia mantener la esperanza, quizás una esperanza en vano.
Del otro lado seguía, él y su amigo, pero esta última batalla que se aproxima para darle un final a este triste pero tan triste enfrentamiento no iba a ser como los anteriores. Los dos corriendo, escondiéndose en ese pozo, lleno de nieve, pasan horas, muchas horas, sin emitir sonido alguno, hasta que en un abrir y cerrar de ojos, Salvador ve a su amigo agonizando del frio, su instinto incondicional hace que Salvador se saque sus botas (las cuales estaban intactas en comparación a las de su compañero), se quita las medias se las coloca como así también le coloca sus botas para que calme su dolor, para tratar de que si estos iban a ser los últimos momentos junto a su amigo este no sienta tanto el sufrimiento, al fin y al cabo Salvador no estaba tan mal como él, fue así que decidió ponerse las botas de su amigo, las cuales ya no tenían reparo alguno a sus dedos congelados. Es así que pasaron la noche pegando los cuerpos unos a los otros para no sentir tanto el frio helado que corría por sus venas. Es así que Salvador hablo a su amigo durante la puerta del sol, el cual nunca respondió a la pregunta, Salvador ya no estaba acompañado de su amigo, él sentía que todo había terminado, ya no tenía el apoyo anímico de aquel que había compartido salidas, aventuras en su adolescencia, el se había ido, pero Salvador sabía que allá donde esté iba a estar mejor, sin frío, sin sufrimiento, sin agonía. Ahora Salvador tenía que hacer lo que jamás pensó debía sucederle con su amigo, cargar su cuerpo y llevarlo donde todos los cuerpos habían caído en combate. Lo sujeto con todas sus fuerzas, el saco de donde no las tenía, pero allí estaba él hasta el último momento junto a aquel amigo de la vida. Posó su cuerpo por encima de los demás soldados que yacían desde hacia tiempo en ese galpón. Apoyo sus manos en el rostro de su compañero y juro y prometió defender cueste lo que cueste a su gente, a su tierra, a sus seres queridos. Dio media vuelta y se marchó, sabiendo que le quedaba mucho todavía, pero sin su amigo.
La guerra término un 2 de septiembre de 1945. En el sur de Italia no se supo mas nada de esos dos valientes soldados que habían ido en defensa de su patria.
Mientras tanto la vida debía continuar, María Antonieta Celano ya no tenía a su amor consigo, no tenia rastro ni noticias alguna. Fue así que pasaron 2 años y María Antonieta obligada por su dolor debió rehacer su vida, con otra persona, pero el dolor inmenso de no haberse podido despedir de aquella persona que le prometió iba a volver.
Pero esta historia no es tan triste como parece, María Antonieta pasado tres años del fin de la guerra a punto de casarse con su nuevo amor, recibe una carta l Vaticano, diciéndole que allí estaba aquel hombre que juro volver, ese hombre que prometió amarla el resto de la vida. No importó el nuevo amor, solo corrió a los brazos de aquel héroe de esta historia, y ahí estaba Salvador en una cama de hospital con sus pies amputados de aquella noche en que su amigo se marchó. Toda herida eterna tiene un recuerdo que a veces lo hace sentir bien, saber que ya su cuerpo no es el mismo que partió de aquella Italia golpeada, saber que sus pasos no son los mismos de antes pero que esta herida (así eterna como la llamo) hizo que su mejor amigo no sufra tanto sus últimos minutos, o por lo menos sienta menos dolor.
Hoy María Antonieta Celano y Salvador De Biase, residen en La Plata, llevan muchísimos años juntos, tuvieron un hijo nacido en Italia llamado Genaro, casado con Liliana Vorias, ellos tienen tres hijas Analía, Melina y Guadalupe. María Antonieta Celano y Salvador De Biase tienen nietas y bisnietas, pero aparte de toda esa familia tienen una historia que quedara grabada en la vida de cada uno de los que conocemos a ellos, a los “NONOS” esa historia que se contará hoy, mañana y siempre.
Orgullo de ser nieta de un héroe como él, SALVADOR DE BIASE y una persona incondicional con su amor como lo es MARIA ANTONIETA CELANO.



Guadalupe Cintia De Biase
9 de octubre de 2008