Ilusiones perdidas en ese parque
Un andar sin rumbo, perdidos pasos en los patios fríos de la soledad no conocida por muchos, tan ignorada por otros, miradas perdidas en un desierto de pijamas y soquetes, deambulando zigzagueante hacia la nada, hacia una ilusión desvanecida, perdida, arboles que parecen cobijar, charlar y acompañar a esos ojos que observan un horizonte limitado por grandes trozos de piedras, en aquellos patios tristes tan grises, caminos inciertos a lugares siempre nuevos, desconocidos. Rostros pálidos adornados, cuerpos finos encorvados, nubes tenues en los pasillos ínfimos. Pequeña ciudad atacada por enemigos anónimos, pequeñas vidas perdidas en este parque con sueños infinitos, tan grande, tan triste, tan abandonado, tan de ellas, tan nuestro. Lagos artificiales reflejan el andar perdido, las miradas apagadas, luces pequeñas rondando inciertas, murales dibujados color frío, voces balbuceantes, ángeles con cara de demonios, demonios con cara de ángeles, almas tratando de escapar de lo imposible,
Ilusiones muertas dentro de cuatro paredes, de cuatro pisos, de cuatro pabellones, de cuatro muros. Soñar nunca va a ser inútil, soñar es lo que las mantiene en pie día a día, soñar no cuesta a estas almas perdidas, soñar las mantiene vivas, imaginar las llena, pensar en un mañana no existe, recordar un pasado las aleja por un instante a otra dimensión, fuera de esta jungla de arboles sin hojas, tierra seca, caminos rotos, pasos perdidos. Existen, viven, respiran, sienten, aman, odian, juegan, corren, bailan, cantan, gritan, lloran. Son tal cual se muestran, no disfrazan una vida, no tienen placeres materiales, mucho menos vida propia, tratan de subsistir a su manera, tratan de ser queridas así como son, con los pies secos, caras tristes, caras de asombro, caras como la tuya, como la mía. No son diferentes a cualquiera de nosotros, sí las obligaron a ser distintas, no comprenden pero tratan de entender, no cuestionan pero sí se preguntan, no molestan pero sí quieren llamar la atención, son independientes cada una a su manera, son mujeres, son adolecentes, son niñas, son inocentes. En un mundo donde solo importa lo que se tiene y donde siempre se quiere más, ellas solo piden una simple cosa, piden poder despertar de esta pesadilla lamentablemente real. Ayer entendían, ayer tenían intereses reales, ayer querían ser. Hoy se les cerraron todas las puertas incluso esa puerta por donde una vez entraron y jamás volvieron a salir.
Nota: Por cierto este escrito es totalmente real a una experiencia vivida hace muy poco. Donde existen estas personas anónimas; pero muy fácil de identificar por sus, historias. Ellas a quienes la vida le dio esto, una vida muy golpeada, no solo en un pasado, sino una vida golpeada constantemente, cada día, cada hora, cada minuto.
Son inofensivas, y a pesar de que pareciera estar hablando de algún animal de la selva, mi entrada ahí solo tuvo un consejo de una enfermera que allí trabaja y fue la siguiente “no les respondas, no las mires, no las saludes, no les sonrías, si se te acercan ignoralas, como si fueran perros”, trate por un momento de entender lo que me estaban diciendo, trate de comprender y razonar algo irrazonable, pero era lo único que debía hacer esas 4 hs que estuve ahí adentro, no tenia que escuchar, no tenia que hablar, no tenia que responder, no tenia que mirar. Por un instante me sentí en coma al obligarme a anular todos mis sentidos. Pero es inevitable, créanme, mis piernas por un momento empezaron a temblar, mis manos transpiraban como si hubiera estado bajo el sol a 45 ºc, mi cabeza empezó a doler cada vez mas. Aprendí, y mucho, aprendí que hay cosas peores que no poder hacer algo que uno quiere, por mas sencillo que sea, aprendí que cerrar los ojos no significa viajar por un momento a otra dimensión significa agradecer, aprendí que un sueño es mucho mas importante a veces que una realidad, aprendí que si estoy acá es por algo, aprendí puedo ayudar desde el lugar mas pequeño, aprendí a leer miradas, aprendí a querer a personas que vi por única vez. “Internas” como las suelen llamar, pero ellas tienen nombre y apellido, un nombre que fue mutando con el correr del tiempo, un apellido que solo sirve para que las identifiquen en caso de alguna muerte, por lo general trágica. Se eriza la piel pensar que en estos momentos que yo escribo estas líneas ellas estén haciendo una larga fila para esperar su tan ansiada pastilla que las hará dormir tranquilas sin oír voces quejosas, están allá un día mas de tantos días que allí pasan, caminando descalzas, con soquetes algunas, es triste pensar que su abandono es inminente desde cualquier lado que se lo mire.
Hoy escribo esto porque ellas me hicieron pensar, tratar de reflexionar, pero principalmente tratar de entender “porque?”, un porque que todavía no lo escuche; y no creo que alguien me pueda dar la respuesta.
GUADALUPE C. DE BIASE (Basado en una visita al Pabellón de las internas del Instituto Moyano)